dilluns, 14 de juny del 2010

Empezar de nuevo I

NA: No me gusta subir fics si no los he terminado (porque me conozco y hay muchas posibilidades de que no los termine...) pero como este ya lo estoy subiendo a un foro... Allí va ^^

Verlo sentado delante suyo, después de tanto tiempo, le traía muchos recuerdos. Recuerdos de cuando los dos aún se hablaban e iban juntos a todas partes, estaba claro que el otro había cambiado desde entonces. De hecho, él lo observó cambiar, al principio, pero, más tarde, se arrepintió de no haber hecho nada para evitarlo. A veces se sentía tan solo sin el otro…
Desde que los pusieron en la misma aula que no había podido concentrarse en clase; las palabras del profesor se le escapaban y lo único que llenaba su mente eran las imágenes de lo que habían pasado juntos, antes de empezar a distanciarse. A veces se preguntaba si el otro lo había olvidado.
Aún recordaba como se habían conocido… cuando al otro lo apuntaron a la misma guardería en la que se encontraba él:
Su madre acababa de irse, pero él ya estaba pensando en cuando volvería a buscarle, ese sitio no le gustaba pero su madre le dejaba allí día tras día, desde hacía un par de semanas.
Las supuestas “profesoras” le caían mal, eran demasiado dulces, prefería mil veces a su madre o, aunque fuera, a la vecina, no le importaba que su casa oliera raro, o tener que ayudarla a limpiar (aunque sólo tuviera 2 años), pero su madre le había dicho que ella tenía que ir a trabajar y que no podían estar molestando todos los días a la vecina, que ya estaba mayor la pobre, dejándole un niño que no podía estarse cinco minutos quieto para cuidar.
El niño se preparaba mentalmente, de manera casi inconsciente, para otro día de aburrimiento en la guardería, pero ese día fue totalmente diferente a como lo imaginaba.
Cuando las profesoras les hicieron entrar dentro las clases, pues ya habían llegado casi todos y empezaba a ser hora de comenzar la clase (aunque en ellas no hicieran más que pintar o jugar), el niño, después de sentarse en el suelo con los demás, divisó una manita agarrada a la bata de una de las mujeres.
Ni cinco minutos más tarde, una vez estuvieron todos los pequeños callados, esa profesora presentó al propietario de la mano a la clase y les dijo que a partir de aquél día serían compañeros de clase.
La clase empezó y Kouta vio que el nuevo estaba un poco apartado de los demás, sentado y sin decir nada, con los ojos brillantes por las lágrimas acumulándose allí. La cara del otro le recordó su primer día y, sin pensárselo dos veces, se le acercó con la intención de animarlo.
-Hola.
El otro levantó la cabeza y le miró, con una expresión de sorpresa pintada en la cara.
-Mi nombe ez Yabu Kota, ¿cómo te yamaz tú?
Sonriendo por primera vez aquél día, el otro pequeño le respondió:
-Yaotome Hikaru.
Pasaron todo el día juntos, hablando, jugando y haciendo travesuras, como si se hubieran conocido desde que nacieron.
El día siguiente, la madre de Kota le despertó y le anunció que iba a llevarlo a la guardería, como cada día hacía. Quedó sorprendida cuando de los labios de su pequeño no salió ni una queja, ni siquiera un “por favor, no quiero ir…”. Pensó que, por fin, su hijo se había rendido, y, conociéndolo, se preguntó quién había sido el que lo había hecho cambiar de opinión.
El pequeño Kota sólo podía pensar en que iba a pasar otro día con su mejor y nuevo amigo Hikaru.
-¡Yabu-san! -fueron las palabras que le despertaron de su ensoñación.
Levantó la vista y vio a su profesor delante suyo, con cara de malas pulgas y una mano en la cintura.
-¿De qué he estado hablando hasta hace un momento?
El chico se quedó callado para acabar respondiendo con un débil:
-No lo sé, Matsuoka-sensei.
-Bien, se salva del castigo porque es la primera vez y porque hoy después de clase estoy ocupado, pero la próxima no va a salir tan bien parado. La clase no es lugar para soñar despierto, recuérdelo.
-Sí, profesor.
Proponiéndose parar atención, Kota dirigió su mirada al frente, pero encontró a Hikaru girado hacia atrás, como casi todos los demás compañeros de clase, y, aunque tan pronto el profesor pasó a su lado Hikaru le siguió con la mirada y se sentó correctamente, a Yabu le pareció verlo sonreír. ¿Se estaría riendo de él?

Aquél día las clases habían pasado más lentas que de costumbre, tener a su antes mejor amigo sentado unas filas detrás hacía que se le revolviera el estómago.
Le había costado mucho no pensar en él desde que se separaron, aunque hubiera sido él el que se hubiera distanciado del otro. Había conseguido concentrarse en sus estudios y, años después del distanciamiento, llegar a un punto dónde sólo recordaba los momentos que habían compartido cuando lo veía. Esos momentos le dolían, porque él, en primer lugar, nunca quiso alejarse del otro, pero sabía que no podía acercársele ahora y pedirle que volvieran a ser los mismos de antes, así que callaba y adoptaba la misma actitud seria y ausente de siempre.
Viéndolo cada día en clase, esas ocasiones se habían multiplicado por un número demasiado elevado, tenía esforzarse mucho para conseguir concentrarse, y le costaba demasiado no pensar en si había hecho lo correcto alejándose de él. No tuvo otra opción.
Hacía casi un mes que estaban en la misma clase y, hasta ese día, había logrado no despistarse demasiado. Sin embargo, aquél día había pasado algo que no se esperaba: el profesor había pillado a Kota soñando despierto.
Cuando Matsuoka-sensei se dirigió a su ex-mejor amigo, Hikaru no pudo evitar girarse y, al ver que le reñía, una sonrisa escapó de sus labios. “Realmente no ha cambiado nada” pensó. Se espabiló a volver a mirar hacia delante, pero le pareció, antes de encarar la pizarra, que Yabu le miraba con ojos heridos. “¿Qué le he hecho ahora?”
Cuando las clases acabaron, se alegró de que así fuera. Al menos, en casa, lo perdería de vista y podría concentrarse en sus estudios, cosa que tanta falta le hacía últimamente.
Recogió las cosas y fue a su taquilla a cambiarse los zapatos. Iba a dirigirse a su casa, pero oyó a alguien que lo llamaba:
-¡Hikaru-kun!
Se giró y se encontró con sus dos mejores amigos (actuales), que le hacían señas desde la puerta.
-¿Vienes a la biblioteca a estudiar? -preguntó Kei-. Pensábamos repasar lo que hicimos ayer en Química, ¿te apuntas?
Dai-chan sólo le sonrió. Los planes de Hikaru cambiaron radicalmente en cuando los vio, estudiar en grupo siempre le había servido más que hacerlo solo. Les devolvió la sonrisa y contestó:
-Vale, mi padre llega tarde hoy.
Los tres se dirigieron a la biblioteca del instituto y, una vez allí, empezaron a hacer los ejercicios que el profesor Ando les había puesto. Como a primera vista parecían más fáciles de lo que eran, los chicos estuvieron allí más de lo que creyeron al principio, por lo que, cuando acabaron, no tuvieron tiempo de repasar antes de que Hikaru tuviera que irse.
-Lo siento, chicos… -se excusó el-, pero… ya sabéis… -concluyó con una sonrisa-. ¡Nos vemos mañana!
-¡Hasta mañana! -contestó Kei para después dirigir su mirada a Dai-chan, quien sólo seguía al otro con la preocupación grabada en los ojos.- Tranquilo, va a llegar a tiempo.
-Eso espero -respondió el pequeño.
Hikaru corrió todo lo que pudo para llegar a su casa y, una vez allí, se apresuró a subir a su habitación, intentando respirar con normalidad. “Perfecto” pensó “aún tengo cinco minutos antes de que llegue mi padre”
Se dirigió a la ducha, después de leer el papel que había dejado su madre en la cocina, que le quedaba de paso en el camino hacia el baño, dónde le decía que había salido a comprar los ingredientes para la cena y que iba a volver en seguida.
Se metió bajo el agua y casi todo el cansancio y estrés que había acumulado durante el día, resbalaron junto al líquido y abandonaron su cuerpo. Así que, cuando llegó su padre, él aún estaba en la ducha.
Salió del baño, ya con el pijama puesto, con una toalla alrededor de su cuello y fue a ver a su padre a su despacho.
Antes de entrar se mentalizó para lo que podía encontrarse, ojalá su padre hubiera tenido un buen día en el trabajo, le iba la salud en eso.
-“Bien, ahora a comportarse como el hijo perfecto y modelo que se supone que eres, Hikaru” -se dijo-. Bienvenido a casa, papá -le saludó, después de llamar a la puerta y abrir.
Se encontró con unos ojos fríos y dio gracias a que sólo fuera eso.
-¿Qué tal te ha ido el día, hijo? -hizo la pregunta de rigor su padre, mirándole aún con esos ojos fríos.
-Bien -(intentó) sonreír con calidez Hikaru-. Todo genial.
-Perfecto.
Dicho eso, el chico salió del despacho y fue a recibir a su madre al vestíbulo.
-¡Ya estoy en casa!
-¡Bienvenida!
Se dejó abrazar por su madre y luego contestó a la pregunta silenciosa de la mujer con un:
-Hoy está de buen humor -y una sonrisa en los labios.

1 comentari:

  1. YABUHIKA? *-* dime que si porfavooooooooooooor xD
    sabes lo que me cuesta encontrar yabuhikas por el mundo en español? ;O;
    asdasd omg! estoy intrigada :B quiero saber más!

    ResponElimina